Joterías en la marcha, ¡¿POR QUÉ?!

 

Voy a decir lo que todo mundo piensa: ¿QUÉ NECESIDAD DE TANTO JOTO EN LA MARCHA?

 

¿Qué no saben que la sociedad jamás nos va a respetar si nos ven en tacones y vestidos de mujer?

 

¡La marcha es para exigir derechos, no para jotear!

Foto promocional de la obra Don’t Act Like a Girl de Wes Perry

 

Si tuviera un peso por cada comentarios de este tipo que veo, leo y escucho, el Coro tendría suficiente dinero como para COMPRAR su propio carro alegórico (¿Fondeadora, alguien?)

 

En un artículo anterior hablé sobre la homofobia internalizada y, en celebración del mes del Orgullo, quiero ahondar un poco más en el tema.

 

Para empezar, ¿para qué sirve, exactamente, una marcha?

 

La primera marcha del orgullo surgió de forma semi-espontánea en 1969 como protesta ante las represiones en el bar Stonewall en Nueva York; 2 noches antes, la policía agredió brutamente a los miembros de la comunidad ahí congregados y, tanto las autoridades como la sociedad hicieron oídos sordos a las exigencias de justicia de los afectados. Este tipo de ataques, después de todo, no eran nada nuevo, y además, ¿quién iba querer defender a los desviados y sodomitas?

Fuente: The LIFE Picture Collection

 

Pero esa noche, la comunidad dijo “¡No más!” y la mañana del 28 de junio marcharon con carteles y demandando respeto y visibilidad.

 

Así que, en efecto, la marcha del orgullo sigue teniendo como finalidad exigir los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+, al igual que celebrar los ya alcanzados.

 

Pero, entonces, ¿qué necesidad de jotear?

 

Créelo o no, jotear está en el alma de la marcha.

 

Al frente de la marcha de 1969 se encontraban Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera.

 

Marsha (1945 – 1992) era una activista y defensora de los derechos de la población con VIH. También era una mujer trans afroamericana.

 

Por su lado, Sylvia (1951 – 2002) fue una muy reconocida drag queen  y fundadora del Frente de Liberación Gay.

 

Sylvia y Marsha fueron grandes amigas y lucharon incansablemente por los derechos de su comunidad, especialmente por los jóvenes LGBT+ en situación de calle, enfermos de VIH y SIDA y la población trans.

 

También fueron las principales impulsoras de la primera marcha del orgullo, misma que encabezaron.

 

Voy a dejar que esa idea penetre bien:

 

La marcha del orgullo LGBTTTIQ+ surgió gracias a 2 mujeres trans.

 

Y el resto de los participantes no eran, precisamente, un ejemplo de heteronormatividad. Stonewall reunía a “lo peor de lo peor” de la época. Era un bar que abría sus puertas a travestis (¡Travestis!) y homosexuales de color (¡De color!). La gente que frecuentaba Stonewall hacía del rechazo parte de su vida cotidiana.

 

¿Dónde estaban, entonces, los hombres gays y mujeres lesbianas bien integrados a la sociedad? ¿La supuesta “gente decente y respetable“?

 

A través de la historia se ha comprobado una y otra vez que los individuos heteronormados (Es decir, cuya expresión y apariencia van acorde a los estereotipos de hombre y mujer) son los menos participativos en la lucha por los derechos de la población LGBTTTIQ+.

 

¿Por qué? Bueno, para empezar, son los que sufren menos discriminación.

 

Si eres un machote musculoso y barbón nadie te va a gritar “puto” en la calle.

 

Si eres una chica linda y femenina no te enfrentas a que te insulten diciéndote “tortillera”.

 

Los individuos heteronormados, en pocas palabras, viven el privilegio de las apariencias.

Fuente: Gay Bros

 

Sumemos que estos individuos suelen rodearse de otros heteronormados y desprecian cualquier expresión que sea opuesta a su género.

 

El hombre gay masculino se burla del entaconado. La mujer lesbiana femenina rechaza a la marimacha.

 

Y no es nada más que los rechacen, sino que SE OFENDEN de su presencia.

 

Es por ellos que no nos toman en serio” dicen.

 

Si actuaran como hombres y mujeres de verdad, no nos discriminarían

 

Cometen el error de creer que lo heteronormado es lo correcto y rechazan cualquier variante de esa expresión.

 

Y al mismo tiempo, disfrutan de los derechos alcanzados gracias a los que no han tenido de otra más que ser carne de cañón.

 

Cuando tu expresión no es heteronormada SE NOTA.

 

Eres el jotito.

 

El hombre con peluca.

 

La machorra.

 

Cuando el mundo te burla, te rechaza y te ataca tienes 2 opciones: Agachar la cabeza y aguantar los golpes; o luchar hasta que te respeten.

 

La lucha por los derechos de la comunidad le debe MUCHO a los no heteronormados. A los que se atreven a ponerse el vestido y las que usan el cabello corto como un acto de revolución.

 

Ellos son los verdaderos héroes; no los que al menor ataque se regresan al closet para no ser rechazados.

 

Marsha y Sylvia iniciaron un movimiento que continua hasta el día de hoy, mucho después de sus trágicas y prematuras muertes. Y al frente seguimos los de expresión no convencional, los que no podemos pasar desapercibidos aunque quisiéramos, los que no tenemos más opción que luchar.

Fuente: www.vamosgay.com

 

Así que, tú, mi amigo heteronormado, con tu pecho bien peludo, tu ropa de vaquero, tu voz gruesa y tu paquetote.

 

Y tú, mi amiga guapa y perfumada, de mirada angelical, axila depilada y wonder bra.

 

Cuando vayan por la calle con su pareja igual de guapa y heteronormada.

 

Cuando se casen los 2 de traje oscuro y las 2 de vestido blanco.

 

Y más importante, cuando se burlen del joto, la lencha y la vestida, recuerden que es GRACIAS  A ELLOS Y ELLAS que ustedes tienen la libertad para ser quienes son.

 

Y recuerden que, historicamente, muchos de ustedes no ha hecho NADA MÁS QUE CRITICAR.

 

Piensen en eso a la próxima que quieran corrernos de NUESTRA marcha.

 

Y de parte de todos los jotos, lenchas y vestidas:

DE NADA

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